Vitamina D y depresión

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Se va confirmando el efecto antidepresivo de la vitamina D

Se confirma la sospecha de una asociación entre trastornos depresivos y bajos niveles séricos de vitamina D.

Los receptores de la vitamina D, la cual se comporta en realidad como una hormona "neurosteroide", se pueden encuentran en diversas estructuras neurológicas.

Se pueden hallar receptores de la vitamina D tanto en las neuronas y células gliales como en diversas áreas del cerebro que incluyen la corteza cingulada y el hipocampo.

Por otra parte, la vitamina D se halla involucrada en múltiples procesos cerebrales, como es la regulación de los factores neurotróficos o neuroprotectores, en la neuro-inmuno-modulación, la neuroplasticidad y en el desarrollo del cerebro.

Todo ello hace posible considerar que la vitamina D establezca algún tipo de asociación con los estados depresivos.

Por otra parte, la suplementación con vitamina D puede llegar a desempeñar un papel importante en el tratamiento de este trastorno.

La acción antidepresiva de la vitamina D puede llegar a adquirir especial relevancia sobre todo en las formas depresivas estacionales, en las que el papel de la luz del sol parece hallarse involucrada, como ocurre en los Estados Unidos y Canadá, con niveles plasmáticos de vitamina D insuficientes en más de dos tercios de la población.

También hay que considerar a las personas mayores, ya que por lo general se alimentan inadecuadamente, en particular si viven solas, y a los niños con anorexias selectivas, por ejemplo niños que no comen pescado pero toman muchas bedidas de soda.

 

 

Deficiencia vitamina D

 

 

Diversas observaciones habían permitido sospechar una más que probable relación entre la deficiencia de vitamina D y los trastornos depresivos.

Ahora, una nueva investigación realizada en Canadá ha venido a confirmar la realidad de esta asociación por medio de un meta-análisis que cubre un total de casi 32.000 participantes, y en el que los autores han reexaminado los resultados de un estudio de casos y controles, diez estudios transversales y tres estudios de cohortes.

El estudio permite comprobar que en realidad se encuentran los niveles de vitamina D más bajos en las personas con depresión que en con los sujetos control.

En el estudio de casos y controles, el promedio de los niveles de vitamina D en mujeres con depresión y no depresivos y es de 17,5 nmol/l (p = 0,002).

Cierta heterogeneidad en estudios transversales hace que los resultados sean difíciles de interpretar, pero el riesgo relativo de sufrir un trastorno depresivo es más alto en los sujetos con los niveles más bajos de vitamina D (odds ratio = 1,31, intervalo de confianza [IC] 95% [1,0 a 1,71]), con una diferencia de medias estandarizada (DME) = 0,60, 95% CI [0,23 a 0,97].

Por otra parte, los estudios de cohortes confirman que el riesgo de la depresión experimenta un aumento significativo (aproximadamente el doble) en aquellas personas cuyos niveles de vitamina D son más bajos (cociente de riesgo = 2,21, 95% CI [1,40-3,49].

En conclusión, los autores creen que este meta-análisis permite confirmar la sospecha de que existe una asociación entre niveles bajos de vitamina D y depresión.

Es por ello que los autores de este estudio enfatizan sobre la necesidad de realizar más ensayos controlados respecto del interés real de la vitamina D para prevenir o tratar la depresión, con diseños capaces de discriminar si la asociación entre la depresión y la vitamina D que se ha encontrado en este estudio obedece a una realidad biológica o es un simple artefacto metodológico, es decir: un hallazgo casual.